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Día uno del Tecate Pal Norte 2024, conociendo a la bestia



El Tecate Pal Norte 2024 es un ente viviente, un monstruo con cabeza de león, que ruge con miles de voces y cuyo palpitar resuena en el corazón de la Sultana del Norte.


Viajamos más de mil kilómetros para ser testigos de uno de los festivales más grandes de Latinoamérica, que desdibuja los límites de la música, generaciones e idiomas.


Más de 150 artistas de estilos y países distintos convergieron en el Parque Fundidora a lo largo de tres días, con jornadas maratónicas, fastuosos escenarios, toneladas de mercancías promocionales, comida, miles de litros de agua y suero, pero, sobre todo, mucha, pero mucha cerveza.



Luego de vaciar las tarjetas de nuestras cámaras (y del banco), de despejar las memorias de nuestros teléfonos, realizamos un recuento de las bandas que en Ad/Venture alcanzamos a registrar, en total, atestiguamos 51 actos en los 9 distintos escenarios.


Cantidad nada despreciable si consideramos que nuestra cobertura nos la aventamos entre dos excelentes fotógrafos (uno casi se nos queda allá, pero de eso hablamos más adelante en la parte tres del relato) y un disque reportero que se nos engentó desde el mediodía del viernes 29 de marzo (ni siquiera había llegado y ya estaba chingado, perdón por ser así).



La expectativa por el festival era impresionante, una noche antes ya nos habíamos dado cuenta de que prácticamente todo a su alrededor se vuelca hacia el mismo, marcas, restaurantes, hoteles y hasta el metro se subieron al barco de Tecate Pal Norte 2024.


Si sumamos los asistentes de los tres días de festival, el Tecate Pal Norte bien pudo ser un municipio más de la zona metropolitana de Monterrey, por el cual sus habitantes paseaban de un lado para otro, como si se tratase de una caminata por la plaza del pueblo, solo que la naciente localidad estaba custodiada por escenarios tan masivos como impresionantes. 


El escenario principal brandeado como Tecate Light, una majestuosa pieza técnica, el más grande Latinoamérica, con 80 metros de ancho y 14 alto, forrado de pantallas led que se unían en un majestuoso lienzo electrónico, en el que sin importar que tan alejado se estuviera, el espectáculo podía ser visto casi desde cualquier ángulo. 



The Vaccines, Leissure y Aquí hay, Aquí Hay, fueron las primeras bandas que logramos ver en un recorrido de reconocimiento por los escenarios, buscamos trazar rutas y establecer los trayectos más óptimos, éramos exploradores con un plan bien pensado, claro que para la mitad de tarde nuestras intenciones se fueron a la mierda entre tanta y tanta gente.





Cabe destacar, que al menos en mi caso era novato en estas excursiones musicales, por lo que no dimensioné la magnitud de la población que atiborró todos los rincones del lugar, (que iluso y pendejo).


Este era el primer día (de mí primer) del Tecate Pal Norte 2024, la ansiedad de ver lo más posible, de no perderse ningún momento memorable, de estar ahí en el lugar donde podría pasar algo imperdible, algo para platicar a los compas que no hicieron el viaje o a quienes incrédulos de los festivales dijeron airadamente que no gastarían su tiempo y recursos para ese tipo de cosas, pero después de ver las redes sociales se mordieron los labios.



En efecto, había que correr (o eso pensaba) para ver de Kevin Karl, Elsa y El Mar o Silvestre y la Naranja, pero optamos por darnos por vencidos y presenciar el acto de los argentinos y quedamos “hechizados” con su onda folk, pop con electrónica.



Apenas eran las cinco de la tarde y el Parque Fundidora tenía una afluencia impresionante, corrimos entre las personas, a pesar de los rayos del sol que nos desintegraba los cachos de piel donde no nos aplicamos bloqueador, cargamos energías en el Oasis Bacardí, para ver el regreso de Chetes y Mauricio Terracina con Vaquero, en donde obviamente figuró “From Nowhere”.



Una vez descansado unos instantes nos aventamos un pedacito del set de Rawayana en el Fusión Telcel, y luego nos aventuramos de nuevo al Tecate Light para ver más por morbo (mentira si nos gusta) a Belanova, luego de que los comandados por Denisse Guerrero duraran casi un sexenio sin tocar en vivo.



Ahí presenciamos uno de los primeros momentos virales del fin de semana, cuando Danna antes conocida Danna Paola, surgió de entre los músicos para cantar “Me pregunto”, más tarde, un Jay de la Cueva disfrazado de cubetero trepó al escenario para tocar la guitarra en “Rosa pastel” y poner a cantar a todo pulmón a las tías en la mitad de sus treinta y a sus sobrinas de 15 años.



Conforme el ocaso se asomaba sobre el cielo neolonés las personas atiborraban los puestos de comida y bebidas, además de participar en cada uno de los variados stands de activación en donde las marcas promocionan sus productos, creando una especie de avenida repleta de anuncios y luces de todo tipo.


Precisamente formado en un food truck mientras me bebía mi cerveza, las torretas de alarma comenzaron a sonar desde el Sorpresa Viva Aerobús, que vio emerger de la nada a Chris y Ángel, para tocar “Ven báilalo”, apenas vi un poco a través de las pantallas del escenario principal.



Acto seguido, de nueva cuenta nos lanzamos entre la multitud que se concentró frente al escenario principal para ver a Keane, la noche ya había caído totalmente sobre el cielo de Monterrey, las pantallas de los celulares alumbraban cual luciérnagas en la oscuridad, habría que presenciar sí o sí “Somewhere only we know” coreado por miles de personas.



Casi del otro lado del Parque Fundidora Dread Mar I, se aventaba un set repleto de buena vibra, en la que incluyó sus rolas más conocidas como “Tu sin mi” u “Hoja en blanco”, además de uno de los covers a Juan Gabriel con más onda que se han hecho, como lo es su versión de “Así fue”



Parejas, bolitas de amigos o melómanos solitarios paseaban por doquier, los escenarios lucían repletos, las luces multicolor cubrían incluso a los edificios ubicados fuera del lugar, parecía que nada podía salir mal, hasta que, de la nada Kendric Lamar canceló su presentación apenas un par de horas antes…


…los fantasmas de las cancelaciones abruptas acechaban de nueva cuenta tierras regias cuando la se anunció a través de las redes sociales que, debido a fallas de logística ajenas a la organización, el rapero suspendió su participación en el festival.


Para esto, Peso Pluma tenía cautivos a miles de fanáticos en el Tecate Light, desde su introducción cinemática, Hassan salió a tocar con la energía de una explosión, la cual irradió a todos los que lo esperaban desde horas antes.



Se aventó “Gavilán” y “Gavilán II”, “Nueva vida y “El Belicón (que no podía faltar a la verga pariente, pura pinche doble P). El Doble PP subió a sus compas, parte también de su sello discográfico Doble P Records, Jasiel Núñez y Luis Vega, con quien coescribió “Rubicon”.


“Lady Gaga”, “AMG” y “PRC” no podían faltar en el setlist extendido del interprete mexicano de tan solo 24 años, en un show repleto sonidos urbanos modernos como los corridos tumbados, reggaetón y rap.  


Entre la muchedumbre se escuchaba a manera de reclamo el coro de “Kendric, Kendric, Kendric” sin embargo, este fue apagado por la presentación del jalisciense y su público quienes desde el principio gritaron “peso, peso, peso”.


Es imposible negar que la cancelación del rapero californiano no afectó el transcurso del festival, el perder uno de tus principales artistas, claro que iba a perjudicar el transcurso del evento.


Aunque, la correcta comunicación de lo acontecido, lo rápido que se tomaron acciones de contención, tales como extender el acto de Peso Pluma y sobre todo la demostración de talento y energía de este último, amortizaron el impacto de la lamentable noticia, que pudo convertirse en una catástrofe.


Todo esto sucedió a la par de las intervenciones de Chencho Corleone que puso a perrear con un poco de reggaetón viejito y temas mas contemporáneos como “Me porto bonito”.



Del otro lado del terreno, la icónica banda de punk rock Bad Religion se presentaba en el Fusión Telcel, al principio la raza no se prendió tanto, pero bastaron “Sorrow”, “American Jesus” y “Generator” para que la calma se rompiera con el slam.



Aquí les puedo contar que su reportero (no) favorito perdió los papeles y a sus 34 años y casi 95 kilos se le ocurrió meterse en la refriega del moshpit, claro que duré apenas un par de canciones y después de un par de codazos opté por salir a tirarme sobre el pasto artificial, definitivamente, uno ya no es como antes.


Pensé que había guardado un poco de energía al salir un par de canciones antes de Bad Religion y me dirigí a ver a los Tokyo Ska Paradise Orchestra, intenté bailar “One Step Beyond” pero las fuerzas ya no me dieron, los putazos previos y la caminada estilo peregrinación hacía la Basílica de Guadalupe habían mermado mis intenciones de seguir bailando (y echar desmadre en el slam), pero aun así pude presenciar cómo la gente  y un Pikachu inflable lo gozaron a más no poder, incluso la banda, con el baterista más feliz del mundo la pasó de lo lindo (¡Ah, qué bellos momentos!).