Edén Muñoz puso a Juárez a cantar hasta quedarse sin garganta
- Samuel Delgado
- 6 days ago
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Hay conciertos que terminan cuando se apagan las luces. Otros, como el que Edén Muñoz ofreció el pasado sábado 15 de agosto en el Estadio Carta Blanca, terminan cuando ya no queda canción que cantar, género que recorrer ni garganta que aguante un coro más.
Y en esta ocasión, aparentemente, nadie tenía demasiada prisa por irse.
Con un lleno total en el inmueble, Muñoz convirtió el escenario en una suerte de cantina gigante, salón de baile, palomazo y fiesta familiar que durante más de cuatro horas recorrió buena parte de la música regional mexicana, además de cumbias, pop, clásicos norteños y canciones que forman parte del imaginario popular.

Desde los primeros acordes de “Como quieras quiero”, pasando por “Peca de bonita”, “Gente batallosa”, “El amor no fue pa' mí”, “Te juro que te amo” y “Mañana voy a verte”, quedó claro que la noche no iba a ser un concierto de esos en los que el artista mira el reloj después de hora y media para despedirse.
Edén Muñoz parecía haber llegado con la intención de quedarse.
Y Juárez respondió.

Desde las gradas de general, el estruendoso coro del público retumbaba por todo el Estadio Carta Blanca y alcanzaba el escenario como una segunda banda. Por momentos, Muñoz no necesitaba cantar: miles de voces hacían el trabajo mientras él dirigía la fiesta con esa mezcla de cantante, compositor, acordeonista y maestro de ceremonias que se ha convertido en parte de su sello.
De Calibre 50 a la noche más ecléctica

Para buena parte del público, uno de los grandes atractivos de la noche fue escuchar en vivo varias de las canciones que marcaron la etapa de Edén Muñoz al frente de Calibre 50.
Sonaron temas como “Gente batallosa”, “El amor no fue pa' mí”, “Tus latidos”, “Siempre te voy a querer”, “Mi lugar favorito”, “Simplemente gracias”, “Aunque estés con él”, “El tierno se fue” y “A la antigüita”**, provocando algunos de los coros más fuertes de la noche.

No fue solamente nostalgia. Fue una demostración de que aquellas canciones siguen perfectamente instaladas en la memoria colectiva de quienes las hicieron parte de su soundtrack durante años.
Y entre canción y canción, Muñoz se encargó de recordar que su repertorio no cabe en una sola etiqueta.
Hubo covers de Los Tigrillos, Mi Banda El Mexicano, Selena, La Factoría, Apache, Los Apson, Joan Sebastian, Juan Gabriel, Chichi Peralta y otros nombres fundamentales de la música popular mexicana y latinoamericana.
La noche podía pasar de “Báilame” a “¿Qué le pasa a Lupita?” y después a “Ramito de violetas”, para luego aterrizar en “Todavía” o “La llamada”. No había frontera musical demasiado lejana.
Y, en cierto modo, eso parecía ser precisamente el punto.
Las ruletas: porque todavía faltaban canciones

Si cuatro horas de concierto ya parecen una exageración en tiempos donde muchos artistas apenas superan las dos horas, Edén decidió complicar todavía más las cosas con sus famosas ruletas musicales.
La dinámica permitió que la noche tomara caminos distintos dependiendo de la categoría que aparecía.
La ruleta de Selena llevó a “Como la flor” y “Amor prohibido”. Más adelante llegaron las de Marco Antonio Solís, Valentín Elizalde, Sergio Vega, Los Tigres del Norte, Joan Sebastian, Juan Gabriel y hasta una ruleta dedicada al regional de Chihuahua.
Esta última fue especialmente significativa para el público fronterizo: “Por las calles de Chihuahua”, de Conjunto Primavera; “Te quiero mucho” y “Ayer la vi por la calle”, de Los Rieleros del Norte.
Como si la noche necesitara todavía más kilómetros musicales, también apareció la ruleta de Juan Gabriel, que desembocó en “Me gustas mucho”.
El concepto pudo haber sido una simple dinámica de entretenimiento, pero terminó funcionando como una radiografía de la música popular que ha acompañado a distintas generaciones.
Una banda que nunca soltó la fiesta

Para sostener un concierto de esta duración no basta con tener un catálogo amplio.
Se necesita una banda capaz de seguir el ritmo.
Y los músicos que acompañaron a Muñoz durante la noche tuvieron precisamente esa tarea: mantener la maquinaria funcionando mientras el repertorio brincaba de un género a otro.

Norteño, banda, cumbia, corridos, música romántica, pop latino y clásicos regionales fueron apareciendo sin que la fiesta perdiera velocidad.
También hubo espacio para “La Nena”, “La CCC”, “Money Edition”, “Chale”, “Osadía”, “Recuerdos en común” y “Yo era poesía”, esta última como una nueva canción que comienza a encontrar su lugar dentro del repertorio del artista.
Más de cuatro horas después...

Cuando un artista ofrece un concierto de más de cuatro horas, la pregunta deja de ser cuánto duró y comienza a ser cómo fue posible.
Edén Muñoz encontró la respuesta en un repertorio que parece diseñado para no dejar descansar al público.
Todavía faltaban “El Cid”, “Callejero y mujeriego”, “Ganó Holanda perdió China”, “Como en los viejos tiempos”, “Amores fingidos”, “Procura” y, para cerrar la noche, “El sinaloense”.
Cuatro horas después, el Estadio Carta Blanca seguía siendo una fiesta.
En una época en la que muchos espectáculos difícilmente superan las dos horas, lo ocurrido en Ciudad Juárez fue también una declaración de principios: un boleto para ver a Edén Muñoz no se compra únicamente para escuchar canciones; se compra para pasar una noche completa dentro de su universo musical.
Y el sábado quedó demostrado.
Hubo nostalgia por Calibre 50, homenajes a los grandes de la música mexicana, covers inesperados, ruletas, niños brincando en el escenario, músicos dejando el alma, miles de personas cantando desde las gradas y un artista que, en lugar de apresurarse hacia el final, parecía encontrar una razón para agregar otra canción.

El resultado fue un concierto que no se sintió como una presentación de cuatro horas.
Se sintió como una peda monumental en la que, por alguna razón, Edén Muñoz tenía el control del estéreo.
Y nadie quiso quitarle la música.
📝📷: @samxdelgado




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