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Se nos va el Gastón, pero todo va a estar bien, todo va estar bien

Lng/SHT volvió a Ciudad Juárez en la que se advirtió será la última gira durante mucho tiempo después de una década recorrer el mundo acompañado de amigos, seguidores, fracasos amorosos, dependencia al alcohol y las drogas, éxitos románticos, sobriedad, (in)estabilidad emocional y un sinfín de historias. 

 


Está es la despedida del proyecto comandado por Gastón Espinosa, de corazón punk, amante del rap y la cultura pop, la cual lleva por nombre “Diez años cansan” y con la quecomenzó a transitar el país desde enero pasado. 

 

En propias palabras del tío Lng/SHT, planea hacer “una feria”, antes de dedicarse a otras cosas, por ahí se dice que se casará en noviembre y que sus inquietudes, propias de alguien a mitad de los 30’s giran en torno a formar una familia tradicional panista (bueno, no hay constancia de que vaya a ser panista). 

 

Aunque este adiós, más que un adiós es un hasta luego (prolongado o corto no se sabe) fue un pretexto para para hacer desmadre y subir a sus colegas de batallas pasadas a las tablas del Bar Anexo Centenario en una tocada repleta de punk y rimas, envuelto entre propuestas contraculturales que por sí solas podrían ser presentaciones individuales bastante interesantes, pero, que está vez conformaron un cartel repleto de “adultos raros” que tocaron cabrón. 

 

¡Qué vivan los mullets! 


 

Los encargados de sacudir al público recién llegado y prepararlo para una noche épica, fueron los juarenses DizzBrew, que con dos bajos atascados de efectos y una batería durísima dejaron atónitos (pendejos) a quienes no los conocían (como un servidor) cuando se aventaron tracks extra ruidosos como “Mullet Fuzz” o “Erizo”. 

 

Apenas llevábamos la primera cerveza y esto se ponía bueno.

Si quieren conocer más de estos compas adictos al fuzz entren a su Bandcamp o canal de YouTube donde tienen un par de videoclips con una propuesta visual y narrativa que no tiene pierde. 


 

Nadie valora las púas hasta que las ve perdidas…

 


Perroflecha tomó su turno en el escenario, este proyecto tiene al frente al productor Carlos Torres “Sayón” y al mismísimo Lng/SHT, en su faceta de Gastón bajista, se describen así mismos en su perfil de X, antes Twitter, como una banda nueva de vergasviejas.

 

En el entarimado del Anexo Centenario, los Perroflecha se aventaron varias rolas con un estilo de punk rock clásico, en una combinación de La Polla Records con Joaquín Sabina, de este último tocaron “Seis de la mañana”, además aventarse “Bonzo goes to Bitburg” de The Ramones y temas propios que aún no son lanzados en alguna producción. 


 

Algo curioso y un poco divertido fue cuando Gastón pausó la interpretación de la banda y pidió al público una púa para bajo, luego de un par de intentos falidos con plumillas para guitarra, incluso una tarjeta de plástico, un héroe anónimo se la brindó y así pudo continuar su performance, agradeciendo a su salvador durante un buen rato, al más puro estilo “Do it yourself”. 


 

¡No mames hay un pulpo en la batería y toca bien verga!

 


La noche ya había caminado casi hasta la mitad de la presentación, la producción colocó una manta sobre la pared del escenario, mientras, los presentes tomaban un lugar o iban por algo para pistear. 

 

Sin mucho aviso, comenzó la proyección de lo que parecía ser un cortometraje low cost de un estudiante de cine amante del shitpost, en la que una Elis Paprika interpretando a una científica y otro tipo disfrazado de militar presentaron a una creatura semidesnuda a la que llamaron Octopoulpe.


Dicho performance audiovisual, corrió a cargo del músico francés John Phillip, quien creó este concepto en Corea del Sur, aunque, desde hace años radica en la Ciudad de México. 

 

Esta especie de one man band causó la extrañeza y asombro de los espectadores por la crudeza de su hardcore punk y math rock, que con sus “tentáculos” tocó la batería perfectamente sincronizada a la proyección repleta de imágenes satíricas y de referencias geek sacadas de algún subforo de Reddit. 


 

Basta de punk es hora de rap


 

El rapero y productor, Max Chinasky, soltó las primeras rimas de la noche para un auditorio expectante por ver al acto principal, sin embargo, su energía pudo contener las ansías de la muchedumbre y mantener el buen ambiente. 

 

Apenas 20 minutos le bastaron para convencer a los presentes, quienes ya habían sido capturados por los beats de Dj 1sak en los platos y los versos de Chinasky, para terminar el set, él y Gastón retomaron de forma breve el colectivo Galaxia Cero. 


 

Me llamo “Longshot” y recorro el país…


 

Unos cinco minutos para las 11:00 P.M. Lng/SHT salió a escena para recibir el golpe de la ovación de quienes lo esperaban desde temprano y estaban apretujados contra la valla de contención, acto seguido las tornamesas comenzaron a girar con “Año de flores”. 


 

De esta forma el buen Gastón celebró una década de la mejor decisión de su vida, decir adiós a la vida de oficina y seguir por el sendero de la música, sobre todo de manera independiente, filosofía a la que pondrá pausa indefinida en compañía de su público a lo largo del país y otras latitudes.

 

Por los parlantes sonó “Club de los 27” mientras el rapero originario de Cancún, Quintana Roo, saltó y bailó en todos los rincones del templete, el mismo en el cual un año atrás casi se parte su madre, como él mismo lo señaló con ironía. 


 

“Muchacha I” o “Sobrio y confundido” eran recitados al pie de la letra por los fanáticos más fehacientes, quienes terminaban las frases que a propósito quedaban inconclusas. 

 

Desde el fondo del bar, en el stand de mercancía oficial se podía escuchar los gritos de Charly, miembro del crew en esta y todas las giras, “playera, playera, playeraaaaa” como acto de marketing extremo que funcionó en más de una ocasión. 


 

Los “Caballeros del sábado por la noche” llegaron puntuales a la cita, con un Max Chinasky devuelta en el entarimado para recodar una de las rolas con las que se fueron abriendo camino en la música. Los celulares y las manos se contonearon de izquierda a derecha con “Llaves, teléfono y cartera” otra clásica de su repertorio. 


 

Para los que pensamos que la etapa de punk rock del concierto terminó cuando bajó el Octopulpe, casi todo el crew de la gira se sumó al recital y comenzó con una de las partes más legendarias de la noche. 

 

La primera de ellas fue el wall of death organizado por la improvisada banda de pop punk, que versionó “El ataque de las chicas cocodrilo” de los Hombres G mientras propios y extraños se batieron en el moshpit y los más fresas (cobardes) huyeron hacía las esquinas. 

 

Los fronterizos Viva el César participaron en el cover “Ya no sos igual” de los argentinos 2 Minutos, en la que los papeles de los más eufóricos se terminaron de ir a la mierda, algunos aventaron cerveza, otros dieron uno que otro golpe bajo en el slam

 

Justo en el momento que su reportero en cancha favorito se dirigió al baño, Gastón aplicó un stage diving, mis planes de capturar el momento fracasaron, pero quienes vieron nadar al rapero en un puñado de brazos dijeron que fue uno de los momentos más cagados de la noche. 

 

Luego del intervalo de guitarrazos, las rimas y versos regresaron para cerrar la última parte del show en el que el líder de este proyecto itinerante expuso su sentir por las drogas, las crisis de los treintas, la incertidumbre de la vida y sus injusticias.

 

“Nuestros tiempos”, “Lluvia” y “La marcha de los tristes” dieron fin al setlist pensado tanto para acérrimos seguidores como para los propios músicos que escogieron tocar sus canciones predilectas. 


 

Una vez que el micrófono se apagó, Lng/SHT pasó al backstage para secarse el sudor que lo empapó de pies a cabeza y al cabo de diez minutos salió de nueva cuenta paraatender a una enorme fila de seguidores, la cual salía del lugar por las escaleras. 

 

Ahí, quienes esperaron pacientemente para tomarse una fotografía, obtener un autógrafo o al menos intercambiar unas palabras de agradecimiento, fueron atendidos uno a uno por el propio Gastón por más de una hora. 

 

De esta forma cerró uno de los conciertos más completos de lo que va del año, aunque, quizá sea difícil de superar, tanto por la diversidad de bandas que subieron a darlo todo, como por la carga emocional de despedir a un estandarte de la escena independiente, que fácilmente puede crear un manual de autogestión de bandas y de cómo girarlas sin necesidad de una gran disquera. 

 

Ojalá este paro indeterminado sea corto.

 

Agradecemos a Templo Indie y el Bar Anexo Centenario por hacernos parte de este que no es un adiós, sino un hasta luego.


📝 @fabian_kraut

📷: @samxdelgado

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