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Crónica de un regreso anhelado: Julieta Venegas vuelve más “Norteña” que nunca


Tuvieron que pasar dos décadas para que Julieta Venegas volviera a pisar un escenario en Ciudad Juárez, en una espera que, aunque larga, tuvo sus recompensas.

 

Pese a que en años anteriores la autora de “Andar conmigo” visitó en varias ocasiones El Paso, Texas, fue en un lejano 2006 cuando una joven Julieta tocó en las tierras de Juan Gabriel, como parte de una cartelera que incluyó a Miranda! y a Zoé en el Gimnasio Universitario (dato extraído de la página de Facebook de nuestro buen amigo el Bastardo del Rock).

 

Como retribución a tan larga espera, el público juarense pudo apreciar una versión más completa, madura y segura de sí misma de la artista nacida en Long Beach, California, pero criada desde siempre en Tijuana, Baja California.

 

Luego de componer himnos generacionales, Julieta Venegas no se preocupó por crear un hit viral, sino más bien en formar una obra introspectiva que se adueñó de la música norteña y la reinterpretó fiel a su estilo, en algo que no es regional mexicano (como mal llamaron al género en Estados Unidos), pero tampoco termina de ser pop tradicional.

 

Precisamente esa reinvención, “Norteña”, la llevó de nueva cuenta a girar por casi todo México, buena parte del vecino país y estas latitudes, para solventar una ausencia que vio nacer a una nueva generación de seguidores.

 

El Lienzo Charro Adolfo López Mateos fue el recinto que puso fin a la expectativa de los juarenses, quienes se dieron cita desde temprano con sombrero y botas rodeo; incluso, los primeros concurrentes pudieron escuchar la prueba de sonido de la artista californiana mientras el resto del staff ajustaba los últimos preparativos.

 

Lentamente, despreocupados, los fanáticos fueron ingresando literalmente al ruedo, que en su momento vio justas de jinetes y escaramuzas, y que ahora albergaba a grupos de amigos, parejas, y madres e hijas.

 

En la parte alta del lugar, apenas cayó la luz del sol, las luces del graderío se apagaron y dejaron en la penumbra a los espectadores, quienes con las lámparas de sus celulares iluminaban el camino a sus asientos.

 

De pronto, el público a lo lejos alcanzó a divisar la salida de los músicos de los camerinos; entre ellos, los pasos rápidos de un par de botas de tacón alto y falda larga. Acto seguido, comenzaron los gritos, chiflidos y aplausos al ver la silueta de Julieta Venegas asomándose sobre una plataforma que sobresalía en el escenario.

 


Enfundada en un sombrero café, chaqueta negra, falda larga carmesí y esas botas de tacón alto, la cantautora inició el recital sin mucho miramiento con “Tiempos Dorados”, sencillo de su nuevo disco homónimo al tour.

 

Le siguieron “La línea” y “Ese camino”, introducción a la puesta en escena de 27 canciones que llevaron a los presentes por un recorrido entre temas de antaño y nuevas composiciones.

 


“Oleada” y “Algo está cambiando” dieron la dosis de nostalgia por los años posteriores al Y2K, mientras “Amigas” y “Leyendas de Tijuana” mostraron la reinterpretación de lo norteño a través de pasajes íntimos de su autora, quien aprovechó para mostrar su nuevo material.

 

“Esquina del mar”, “Volver a ti” y “Callaron las canciones” fueron el preámbulo para que Julieta tomara el piano para interpretar “Lento”, coreada milimétricamente por la multitud en todos los rincones del lugar.

 


La tijuanense, completamente identificada con la identidad fronteriza, se dijo complacida de estar en Ciudad Juárez y, como muchos, aseguró su amor eterno por el Divo de Juárez, de quien interpretó “No me vuelvo a enamorar”.

 


“Andar conmigo”, “Eres para mí” y “Algún día” serían tomadas por la fanaticada como el pretexto completo para grabar un cachito de video, evidencia necesaria para dar el pase de lista en redes sociales o, para los más románticos, guardar en la memoria digital una noche inolvidable.

 

“Me voy” y su inconfundible tonada de acordeón serían el cierre preliminar de la velada, a la que los presentes se aferraron hasta la última nota.

 


Renuente a despedirse, la multitud coreó con fuerza “otra, otra, otra”; no pasó mucho tiempo para que la artista y su banda regresaran a escena como los cánones mandan.

 

El encore lo abrió “A dónde va el viento”; sin embargo, “Limón y sal” causó alguna grieta en el recinto luego de la potente recepción de quienes la cantaron con una fuerza ensordecedora, donde sus versos se escucharon a varios kilómetros a la redonda.

 


“El presente” sería la última pieza en el repertorio de uno de los conciertos más anhelados y esperados por los juarenses, quienes, complacidos, olvidaron por completo la espera gracias a la gran presentación, de la cual ojalá no transcurran décadas para que se repita al menos una vez más.

 


Gracias a Apodaca por permitirnos vivir el momento o mejor dicho “El presente”




 
 
 

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