Noche de reencuentro: La Barranca toma Juárez
- Samuel Delgado
- Feb 17
- 2 min read

El sábado 14 de febrero, en el corazón del centro de Ciudad Juárez, afuera del Anexo Centenario ya se respiraba esa electricidad de reencuentro generacional: abrazos largos, risas roncas y promesas de “hoy sí nos desvelamos”.
La noche arrancó con el sazón local de Hey Buffalo, encargados de encender la mecha. Con oficio y buen pulso, domaron a un público que llegó puntual, hambriento de ruido. Cuando terminaron, la gente no los dejó ir; el grito de “¡otra!” fue unánime, y la banda concedió el deseo, dejando la pista lista para lo inevitable.

Entre cambios de instrumentos, el público —chavorruco y lo que le sigue, orgullosamente— se fue compactando frente al escenario. Otros resistían desde sus mesas, atrincherados tras cubetas rebosantes, listos para el ritual. Nueve años son demasiados para esperar a La Barranca, y cuando José Manuel Aguilera y compañía aparecieron, el grito fue una descarga colectiva. José subió con caballito en mano —valor líquido, brindis tácito— y atacaron con El Fluir. A su lado: Yann Zaragoza en teclados, Ernick Romero en el bajo, Abraham Méndez en la batería y Jorge Chacón en la guitarra. Juntos construyeron un muro sonoro espeso y elegante.
Siguieron El Velo, Fondo de tus Sueños y Solo Quedamos, piezas que cayeron con precisión quirúrgica. Aquí hago una pausa, amigx lector: lo del Anexo no es casualidad. El venue ha apostado fuerte —mejor escenario, sonido, luces— y se nota. Pensar hace unos años que La Barranca tocaría aquí era un sueño guajiro; hoy es parte de una racha que ha traído a Sabino, La Gusana Ciega, Austin TV, Bandalos Chinos y El Mató a un Policía Motorizado, con Los Caligaris acercándose al Sold Out velozmente. Desde AdVenture les aplaudimos a toda la gente detrás de "La Casa de Todos".
De vuelta al viaje: con el público ya flotando entre sudor y alcohol, Día Negro convirtió al Anexo en un solo pulmón. Luego vinieron La Barranca, Quémate Lento y Cometa, una seguidilla que parecía despedida pero encendió aún más la voracidad colectiva. Nadie quería que acabara. La tercia final —Alacrán, Cuervos y Paraíso Elemental— fue la estocada perfecta: belleza oscura, catarsis compartida.

Así se cerró una noche histórica en el centro de Juárez. Salimos a la calle con el zumbido todavía pegado al pecho, sonriendo como cómplices después de una travesura bien ejecutada. Quedó el deseo flotando, casi plegaria: volver a encontrarnos con La Barranca… pero que no tengan que pasar otros nueve años.
📝📷: @samxdelgado













































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